La Constitución incorpora necesarios cambios al sistema de educación superior, la planificación, gratuidad, la garantía de calidad, restricciones para la creación de universidades e institutos superiores técnicos y tecnológicos de garaje y la autonomía con responsabilidad social, son algunas de las innovaciones institucionales.
Es materia pendiente la Ley de Educación Superior, en ella, entre múltiples aspectos, deberá darse forma al organismo público de planificación, regulación y coordinación interna, reconocido en el Art.353 de la Constitución, así como al organismo público de acreditación y aseguramiento de calidad de la Educación Superior.
Los dos organismos tienen por su naturaleza y experiencia previa, características diferenciales que la nueva Ley debe contemplar, tanto más cuánto qué, el gran reto de la reforma universitaria será lograr e institucionalizar verdadera calidad académica en el sistema. Los retos que se presentan son los mismos de siempre y que son secreto a voces: eliminar el corporativismo, la politiquería, la creación de universidades sin articulación a las necesidades y objetivos de desarrollo, la tendencia a ver la educación superior como un negocio, entre otros.
Estos desafíos serán enfrentados siempre y cuando el diseño de los dos organismos públicos evite los errores del pasado. La nueva Ley, deberá evitar las incongruencias y la inacción que se daba en la Asamblea Universitaria, deberá en consecuencia, poner frenos y contrapeso, pero también deberá establecerse funciones, roles y disponer la reglamentación de esta instancia de decisión y deliberación. El organismo de acreditación y de aseguramiento de la calidad de la educación superior, deberá conformarse bajo criterios técnicos, haciéndola impermeable a la injerencia política y dotándola de capacidad resolutoria vinculante en la creación y funcionamiento de las universidades e institutos.
Otros desafíos para la nueva Ley de Educación Superior son garantizar la homogeneidad en las titulaciones, no es posible que en nombre de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria muchos centros de educación superior hayan institucionalizado sistemas que han demostrado falencias y que no permiten que un estudiante pueda equiparar sus créditos en otras universidades por la incompatibilidad entre programas. La reforma universitaria debe ser en verdad revolucionaria.
Artículo Publicadoe en Diario La Hora, 18 de octubre de 2008
domingo, 19 de octubre de 2008
La reforma universitaria
La Constitución incorpora necesarios cambios al sistema de educación superior, la planificación, gratuidad, la garantía de calidad, restricciones para la creación de universidades e institutos superiores técnicos y tecnológicos de garaje y la autonomía con responsabilidad social, son algunas de las innovaciones institucionales.
Es materia pendiente la Ley de Educación Superior, en ella, entre múltiples aspectos, deberá darse forma al organismo público de planificación, regulación y coordinación interna, reconocido en el Art.353 de la Constitución, así como al organismo público de acreditación y aseguramiento de calidad de la Educación Superior.
Los dos organismos tienen por su naturaleza y experiencia previa, características diferenciales que la nueva Ley debe contemplar, tanto más cuánto qué, el gran reto de la reforma universitaria será lograr e institucionalizar verdadera calidad académica en el sistema. Los retos que se presentan son los mismos de siempre y que son secreto a voces: eliminar el corporativismo, la politiquería, la creación de universidades sin articulación a las necesidades y objetivos de desarrollo, la tendencia a ver la educación superior como un negocio, entre otros.
Estos desafíos serán enfrentados siempre y cuando el diseño de los dos organismos públicos evite los errores del pasado. La nueva Ley, deberá evitar las incongruencias y la inacción que se daba en la Asamblea Universitaria, deberá en consecuencia, poner frenos y contrapeso, pero también deberá establecerse funciones, roles y disponer la reglamentación de esta instancia de decisión y deliberación. El organismo de acreditación y de aseguramiento de la calidad de la educación superior, deberá conformarse bajo criterios técnicos, haciéndola impermeable a la injerencia política y dotándola de capacidad resolutoria vinculante en la creación y funcionamiento de las universidades e institutos.
Otros desafíos para la nueva Ley de Educación Superior son garantizar la homogeneidad en las titulaciones, no es posible que en nombre de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria muchos centros de educación superior hayan institucionalizado sistemas que han demostrado falencias y que no permiten que un estudiante pueda equiparar sus créditos en otras universidades por la incompatibilidad entre programas. La reforma universitaria debe ser en verdad revolucionaria.
Artículo Publicadoe en Diario La Hora, 18 de octubre de 2008
Es materia pendiente la Ley de Educación Superior, en ella, entre múltiples aspectos, deberá darse forma al organismo público de planificación, regulación y coordinación interna, reconocido en el Art.353 de la Constitución, así como al organismo público de acreditación y aseguramiento de calidad de la Educación Superior.
Los dos organismos tienen por su naturaleza y experiencia previa, características diferenciales que la nueva Ley debe contemplar, tanto más cuánto qué, el gran reto de la reforma universitaria será lograr e institucionalizar verdadera calidad académica en el sistema. Los retos que se presentan son los mismos de siempre y que son secreto a voces: eliminar el corporativismo, la politiquería, la creación de universidades sin articulación a las necesidades y objetivos de desarrollo, la tendencia a ver la educación superior como un negocio, entre otros.
Estos desafíos serán enfrentados siempre y cuando el diseño de los dos organismos públicos evite los errores del pasado. La nueva Ley, deberá evitar las incongruencias y la inacción que se daba en la Asamblea Universitaria, deberá en consecuencia, poner frenos y contrapeso, pero también deberá establecerse funciones, roles y disponer la reglamentación de esta instancia de decisión y deliberación. El organismo de acreditación y de aseguramiento de la calidad de la educación superior, deberá conformarse bajo criterios técnicos, haciéndola impermeable a la injerencia política y dotándola de capacidad resolutoria vinculante en la creación y funcionamiento de las universidades e institutos.
Otros desafíos para la nueva Ley de Educación Superior son garantizar la homogeneidad en las titulaciones, no es posible que en nombre de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria muchos centros de educación superior hayan institucionalizado sistemas que han demostrado falencias y que no permiten que un estudiante pueda equiparar sus créditos en otras universidades por la incompatibilidad entre programas. La reforma universitaria debe ser en verdad revolucionaria.
Artículo Publicadoe en Diario La Hora, 18 de octubre de 2008
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Melania N. Carrión (Politóloga - Investigadora)
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4:03 p. m.
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lunes, 8 de septiembre de 2008
Las políticas públicas en el proyecto de Montecristi
El proceso de formulación de políticas públicas, esto es, las respuestas que el Estado y otros actores sociales dan a las principales demandas de una comunidad, no han sido el foco de atención de los proceso de reforma legal y menos aún constitucional, no al menos en el reconocimiento de tal categoría de forma explícita. Sin embargo, por vez primera en el proyecto de Constitución que se someterá al referéndum se eleva a la calidad de “garantía constitucional” las políticas públicas, los servicios públicos y la participación ciudadana, ¿qué implicaciones tendrá esto para la administración y gestión pública?
Una disposición constitucional de tal magnitud, invoca la necesidad de repensar el gestionar de lo público y la manera en que el gobierno central, su instancias administrativas y los gobiernos seccionales responden a las demandas ciudadanas en clave democrática. Que se incluya en el proyecto de constitución a las políticas públicas no supone que los actores estatales, privados y ciudadanos no hayan estado participando en alguna de las fases del proceso de las políticas, confirma eso sí, la necesaria modernización de la forma de administrar los recursos del estado con la participación conjunta de los actores sociales involucrados.
Las políticas públicas deberán ser resultado de procesos de participación y socialización comunitaria, no podrán diseñarse sin diagnósticos rigurosos y objetivados de las problemáticas de una comunidad y deberán suponer el uso de modernas técnicas metodológicas de investigación, análisis e interpretación de información.
Pero también deberá asumirse como supuestos básicos e innegociables criterios como la territorialidad, nadie que se haya acercado a un mediano conocimiento de experiencias exitosas y buenas prácticas puede desconocer que el desarrollo se construye con y desde lo local; las macro respuestas a las demandas ciudadanas provenientes desde el Gobierno Central deben articularse a verdaderos procesos de planificación, administración y gestión del desarrollo local. Si bien es un gran avance incluir en el proyecto de Montecristi esta categoría, el desafío se presenta ahora para los gobiernos seccionales quienes deberán lidiar con un gobierno central más fuerte, con un sistema de planificación centralizado y la necesidad de construir desde lo local eficientes y eficaces políticas públicas.
Por Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora Loja, el 6 de septiembre de 2008)
Una disposición constitucional de tal magnitud, invoca la necesidad de repensar el gestionar de lo público y la manera en que el gobierno central, su instancias administrativas y los gobiernos seccionales responden a las demandas ciudadanas en clave democrática. Que se incluya en el proyecto de constitución a las políticas públicas no supone que los actores estatales, privados y ciudadanos no hayan estado participando en alguna de las fases del proceso de las políticas, confirma eso sí, la necesaria modernización de la forma de administrar los recursos del estado con la participación conjunta de los actores sociales involucrados.
Las políticas públicas deberán ser resultado de procesos de participación y socialización comunitaria, no podrán diseñarse sin diagnósticos rigurosos y objetivados de las problemáticas de una comunidad y deberán suponer el uso de modernas técnicas metodológicas de investigación, análisis e interpretación de información.
Pero también deberá asumirse como supuestos básicos e innegociables criterios como la territorialidad, nadie que se haya acercado a un mediano conocimiento de experiencias exitosas y buenas prácticas puede desconocer que el desarrollo se construye con y desde lo local; las macro respuestas a las demandas ciudadanas provenientes desde el Gobierno Central deben articularse a verdaderos procesos de planificación, administración y gestión del desarrollo local. Si bien es un gran avance incluir en el proyecto de Montecristi esta categoría, el desafío se presenta ahora para los gobiernos seccionales quienes deberán lidiar con un gobierno central más fuerte, con un sistema de planificación centralizado y la necesidad de construir desde lo local eficientes y eficaces políticas públicas.
Por Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora Loja, el 6 de septiembre de 2008)
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Melania N. Carrión (Politóloga - Investigadora)
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Política
domingo, 24 de agosto de 2008
SI o No (II)
Ya se ha dicho y no pretendo repetir sin beneficio de inventario que un escenario con el SI abrumador significa en resumen, ratificar el “proyecto Correa” y en consecuencia dar carta abierta a su gestión; que el escenario de un SI ganador con escaso margen, implicaría que el Gobierno deba reflexionar y sentarse a concertar con distintos sectores y actores; y, que el triunfo del No, el famoso escenario menos probable asecharía un duro golpe al gobierno y deslegitimaría la apuesta por el cambio en el que muchos sectores aún tienen esperanza.
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
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Melania N. Carrión (Politóloga - Investigadora)
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6:18 p. m.
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SI o No (II)
Ya se ha dicho y no pretendo repetir sin beneficio de inventario que un escenario con el SI abrumador significa en resumen, ratificar el “proyecto Correa” y en consecuencia dar carta abierta a su gestión; que el escenario de un SI ganador con escaso margen, implicaría que el Gobierno deba reflexionar y sentarse a concertar con distintos sectores y actores; y, que el triunfo del No, el famoso escenario menos probable asecharía un duro golpe al gobierno y deslegitimaría la apuesta por el cambio en el que muchos sectores aún tienen esperanza.
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
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SI o No (II)
Ya se ha dicho y no pretendo repetir sin beneficio de inventario que un escenario con el SI abrumador significa en resumen, ratificar el “proyecto Correa” y en consecuencia dar carta abierta a su gestión; que el escenario de un SI ganador con escaso margen, implicaría que el Gobierno deba reflexionar y sentarse a concertar con distintos sectores y actores; y, que el triunfo del No, el famoso escenario menos probable asecharía un duro golpe al gobierno y deslegitimaría la apuesta por el cambio en el que muchos sectores aún tienen esperanza.
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
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Ya se ha dicho y no pretendo repetir sin beneficio de inventario que un escenario con el SI abrumador significa en resumen, ratificar el “proyecto Correa” y en consecuencia dar carta abierta a su gestión; que el escenario de un SI ganador con escaso margen, implicaría que el Gobierno deba reflexionar y sentarse a concertar con distintos sectores y actores; y, que el triunfo del No, el famoso escenario menos probable asecharía un duro golpe al gobierno y deslegitimaría la apuesta por el cambio en el que muchos sectores aún tienen esperanza.
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
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6:18 p. m.
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SI o No (II)
Ya se ha dicho y no pretendo repetir sin beneficio de inventario que un escenario con el SI abrumador significa en resumen, ratificar el “proyecto Correa” y en consecuencia dar carta abierta a su gestión; que el escenario de un SI ganador con escaso margen, implicaría que el Gobierno deba reflexionar y sentarse a concertar con distintos sectores y actores; y, que el triunfo del No, el famoso escenario menos probable asecharía un duro golpe al gobierno y deslegitimaría la apuesta por el cambio en el que muchos sectores aún tienen esperanza.
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
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Ya se ha dicho y no pretendo repetir sin beneficio de inventario que un escenario con el SI abrumador significa en resumen, ratificar el “proyecto Correa” y en consecuencia dar carta abierta a su gestión; que el escenario de un SI ganador con escaso margen, implicaría que el Gobierno deba reflexionar y sentarse a concertar con distintos sectores y actores; y, que el triunfo del No, el famoso escenario menos probable asecharía un duro golpe al gobierno y deslegitimaría la apuesta por el cambio en el que muchos sectores aún tienen esperanza.
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
Pretendo sí aludir a lo que no pasaría en cada uno de estos supuestos. Un SI abrumador, no será el escenario de carta abierta al “totalitarismo” que muchos sectores manejan, por una simple razón, la sociedad civil organizada y no organizada en el Ecuador pese a su actual desmovilización no lo va a tolerar, tener cultura política autoritaria no es sinónimo de “desear” y permitir totalitarismo; tampoco es el escenario ideal de los sectores radicales que han puesto sus más nobles ilusiones de cambio en un proceso que ya se ha dicho de “reforma” y no de “revolución”; pero por supuesto, tampoco será el escenario que recate a las viejas elites y que restituya un desgastado sistema político contra el que la gran mayoría de ecuatorianos se pronunció.
En esta misma lógica de reflexión, un NO triunfador, no será el escenario de “volver al pasado” tal cual lo conocimos, porque la experiencia de los últimos años ha enseñado a la “partidocracia” y a las aún no vetustas castas políticas, que hay que “innovar”, que el poder se va de las manos cuando se lo deja ir y les permitirá afianzarse bajo nuevas vestiduras, les dará carta abierta para volver “recargadas”; el NO, tampoco será como muchos llamados radicales defienden, la posibilidad de “re articular” un proyecto de “izquierda”, esa agudización de contradicciones que pretenden es más utópica que muchas de las causas que ahora promueven; pero tampoco será el escenario que la mayor parte de ecuatorianos han estado anhelando, ni el devenir que muchas luchas sociales en más de una década han labrado, eso está claro.
Por lo dicho, votar SI en el referéndum implica además de reconocer que la naciente constitución es mejor que la de 1998, aquilatar las consecuencias que para el sistema político tendría decir NO o anular el voto.
Por। Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora Loja २३ दे agosto)
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jueves, 14 de agosto de 2008
SI o No (I)
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sábado, 28 de junio de 2008
¿Mal Paso?
La renuncia de Acosta a la presidencia de la ANC devela las facciones internas de Alianza País, la carencia de una estructura política programática e institucionalizada y la vigencia del personalismo en la política ecuatoriana; pero también asecha un duro golpe al proyecto de la Revolución Ciudadana y lo que con ella está en juego।Como todo en política, permanecer en la carrera para concluir el Texto Constitucional en el tiempo establecido o arriesgarse a prolongarlo, significa sopesar resultados y efectos políticos. Acosta pertenece al ala de quienes creen que en nombre de la "ley" en este caso del Estatuto, no puede sacrificarse la calidad del texto y un necesario y mínimo debate, más aún cuando se trata de la mayor de las apuestas del proyecto "progresista" de Alianza País. No se trata de buscar culpables, pero que la Asamblea no se ajuste al tiempo establecido es responsabilidad no solo de la oposición porque el Gobierno y los Asambleístas saben que al final del día los debates más acalorados se daban a lo interno de Alianza País, sino también al tiempo consumido en nombre de los "mandatos" y, por supuesto a la escasa formación de los asambleístas.
Correa tuvo que decidir entre apoyar una constitución al apuro o una constitución que luego podría ser juzgada por ilegal; en el primer caso sin embargo, se juega la oportunidad histórica de sentar las bases de un proceso que por ahora no muestra claridad y que más bien parece cargado de improvisación; y, en el segundo, la feroz crítica de la una "oposición" aún somnolienta. La decisión no compartida con Acosta optó por la primera opción, sacrificar la legitimidad de una Constitución realizada a conciencia, con responsabilidad y compromiso histórico, la que bien hecha podría ser respaldada por el mismo pueblo; antes que "dar gusto" a la oposición, cayendo en la seducción primitiva del cálculo político a corto plazo.Los efectos de esta decisión que luego la historia podría juzgar como un "mal paso", o el "gran mal paso" atañen no solo al pueblo ecuatoriano, sino también a la carrera política de Correa y de Acosta, uno de los dos será recordado como coherente, visionario y el otro como terco y desleal, todo dependerá de cómo se incida en la opinión pública, la gestión del gobierno antes del referéndum y los reultados que el pueblo vea en el nuevo texto constitucional.Artículo Publicado en Diario La Hora Loja, 28 de julio de 2008.
Correa tuvo que decidir entre apoyar una constitución al apuro o una constitución que luego podría ser juzgada por ilegal; en el primer caso sin embargo, se juega la oportunidad histórica de sentar las bases de un proceso que por ahora no muestra claridad y que más bien parece cargado de improvisación; y, en el segundo, la feroz crítica de la una "oposición" aún somnolienta. La decisión no compartida con Acosta optó por la primera opción, sacrificar la legitimidad de una Constitución realizada a conciencia, con responsabilidad y compromiso histórico, la que bien hecha podría ser respaldada por el mismo pueblo; antes que "dar gusto" a la oposición, cayendo en la seducción primitiva del cálculo político a corto plazo.Los efectos de esta decisión que luego la historia podría juzgar como un "mal paso", o el "gran mal paso" atañen no solo al pueblo ecuatoriano, sino también a la carrera política de Correa y de Acosta, uno de los dos será recordado como coherente, visionario y el otro como terco y desleal, todo dependerá de cómo se incida en la opinión pública, la gestión del gobierno antes del referéndum y los reultados que el pueblo vea en el nuevo texto constitucional.Artículo Publicado en Diario La Hora Loja, 28 de julio de 2008.
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martes, 17 de junio de 2008
He decidido engordar al monstruo capitalista
Creo en la libertad y la defiendo por sobre todas las cosas. ¿Pero cuál es la forma más visible de la libertad en esta era? La respuesta es simple: la libertad de consumir toda clase de bienes y servicios para acrecentar mi satisfacción, una satisfacción primariamente material.
Entonces, quien guía mi libertad, es el consumo, hijo que disputa con novísimas formas de explotación, el amor del su padre el capitalismo enaltecido. Su degeneración, el consumismo, que se sustenta sobre la ley de la oferta y la demanda tiene un supuesto básico: “no hay límites para nuestras necesidades”, “si estas estás ausentes, el mercado las crea”.
Si ya estamos embarcados en el “tren de la historia”, una historia que no tendrá marcha a tras; nos quedan por lo menos dos opciones: seguir engordando al monstruo capitalista, a ese que vende y vende sin consideraciones éticas, sin develar las lógicas de explotación que esconden sus productos; o le obligamos a cambiar su dieta, sin intentar siquiera matarlo.
Elijo engordarlo, cuando compro marcas y productos que esconden relaciones de explotación, cuando prefiero apoyar la industria multinacional afectando las iniciativas nacionales; cuando habiendo varios oferentes de soda, yo escojo aquella que no compite en las misma condiciones y que se ha constituido como monopolio; cuando no enseño a mis hijos a mirar la satisfacción de necesidades y por el contrario les enseño a comprar marcas y a dejarse seducir por cada innovación tecnológica; cuando jamás me pregunto a quien irá el dinero que invierto o gasto en una mercancía; cuando no me importa el peso que sobre el ambiente y en consecuencia sobre las futuras generaciones tiene la lógica comercial; o. cuando compro productos que dañan la capa de ozono. Pero ¿qué más da? ¡Soy libre y puedo elegir comprar lo yo quiera!
Es posible que la solución a la innegable debacle hacia la que el mundo se dirige, sea un giro en mis prácticas de consumo, en promover una generación de resistencia y liberación sin dejar de comprar lo que necesito, sin dejar mi libertad. Si la oferta y competencia se basa en la demanda, me pregunto: ¿por qué no obligar a que los empresarios compitan por ofrecer un producto que será consumido con consideraciones éticas? Como siempre la reflexión queda abierta y algo me dice que Marcuse y Sartre no se equivocaron.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario LA HORA, 14 de junio de 2008)
Entonces, quien guía mi libertad, es el consumo, hijo que disputa con novísimas formas de explotación, el amor del su padre el capitalismo enaltecido. Su degeneración, el consumismo, que se sustenta sobre la ley de la oferta y la demanda tiene un supuesto básico: “no hay límites para nuestras necesidades”, “si estas estás ausentes, el mercado las crea”.
Si ya estamos embarcados en el “tren de la historia”, una historia que no tendrá marcha a tras; nos quedan por lo menos dos opciones: seguir engordando al monstruo capitalista, a ese que vende y vende sin consideraciones éticas, sin develar las lógicas de explotación que esconden sus productos; o le obligamos a cambiar su dieta, sin intentar siquiera matarlo.
Elijo engordarlo, cuando compro marcas y productos que esconden relaciones de explotación, cuando prefiero apoyar la industria multinacional afectando las iniciativas nacionales; cuando habiendo varios oferentes de soda, yo escojo aquella que no compite en las misma condiciones y que se ha constituido como monopolio; cuando no enseño a mis hijos a mirar la satisfacción de necesidades y por el contrario les enseño a comprar marcas y a dejarse seducir por cada innovación tecnológica; cuando jamás me pregunto a quien irá el dinero que invierto o gasto en una mercancía; cuando no me importa el peso que sobre el ambiente y en consecuencia sobre las futuras generaciones tiene la lógica comercial; o. cuando compro productos que dañan la capa de ozono. Pero ¿qué más da? ¡Soy libre y puedo elegir comprar lo yo quiera!
Es posible que la solución a la innegable debacle hacia la que el mundo se dirige, sea un giro en mis prácticas de consumo, en promover una generación de resistencia y liberación sin dejar de comprar lo que necesito, sin dejar mi libertad. Si la oferta y competencia se basa en la demanda, me pregunto: ¿por qué no obligar a que los empresarios compitan por ofrecer un producto que será consumido con consideraciones éticas? Como siempre la reflexión queda abierta y algo me dice que Marcuse y Sartre no se equivocaron.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario LA HORA, 14 de junio de 2008)
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domingo, 1 de junio de 2008
La era de la silenciosa explotación intelectual
Es probable que con tan solo leer el intitulado el lector pueda inferir el contenido de este artículo y seguro yo no tendría mucho que argüir de no ser porque se trata de una realidad latente, bastante naturalizada en nuestra sociedad, pero necesaria de repensar y discutir.
La llamada “sociedad del conocimiento”, ha permitido grandes avances y procesos de tecnificación, pero nos está dejando una compleja problemática que se profundiza día a día y que muy poco se ha observado. Así como la industrialización incentivó la emergencia de una gran clase obrera la que a criterio de Marx debía regentar la revolución que abriera paso al socialismo, así el capitalismo recargado ha generado ya no solo grandes capas obreras, sino amplias clases medias de profesionales e intelectuales, que estando en la lógica del mercado y siendo explotados a mansalva y de manera inhumana son las actuales víctimas de la una explotación silenciosa.
En todo momento escuchamos demandas laborales, estas en el mejor de los casos proviene de un pequeño número de profesionales insertos en empresas privadas y/o estatales; de un número medianamente importante de agremiados o sindicalistas; pero no se escucha la voz de los “consultores”, “académicos”, “investigadores” o “profesores universitarios”, para citar algunos ejemplos.
¿Por qué me refiero estos últimos que más allá de vender su fuerza física, la que a menudo es más fácil de estandarizar; venden su fuerza intelectual, la que es más difícil de medir, la que requiere una gran inversión de tiempo, preparación y muchas veces grandes sacrificios? Porque en nuestra sociedad, con la venia de instancias estatales, con la aceptación de los sectores involucrados y la naturalización por parte de la sociedad; se está alcahueteando nuevas formas de explotación más inhumanas que las que conocieron los obreros del siglo XIX de Marx.
Lo inaudito es que precisamente, entre esos sectores que sufren de explotación intelectual, hay muchos etiquetados “intelectuales progresistas” que están pensando formas de reivindicación social, sin siquiera ser totalmente concientes de la explotación que contra ellos mismos se realiza. Siguiendo la lógica del requerimiento marxista al proletariado, los sectores emergentes de la “sociedad del conocimiento”, podemos y debemos abanderar verdaderos procesos de dignificación y revolución.
Por. Melania N. Carrión. (Artículo publicado en Diario La Hora, 21 de mayo de 2008)
La llamada “sociedad del conocimiento”, ha permitido grandes avances y procesos de tecnificación, pero nos está dejando una compleja problemática que se profundiza día a día y que muy poco se ha observado. Así como la industrialización incentivó la emergencia de una gran clase obrera la que a criterio de Marx debía regentar la revolución que abriera paso al socialismo, así el capitalismo recargado ha generado ya no solo grandes capas obreras, sino amplias clases medias de profesionales e intelectuales, que estando en la lógica del mercado y siendo explotados a mansalva y de manera inhumana son las actuales víctimas de la una explotación silenciosa.
En todo momento escuchamos demandas laborales, estas en el mejor de los casos proviene de un pequeño número de profesionales insertos en empresas privadas y/o estatales; de un número medianamente importante de agremiados o sindicalistas; pero no se escucha la voz de los “consultores”, “académicos”, “investigadores” o “profesores universitarios”, para citar algunos ejemplos.
¿Por qué me refiero estos últimos que más allá de vender su fuerza física, la que a menudo es más fácil de estandarizar; venden su fuerza intelectual, la que es más difícil de medir, la que requiere una gran inversión de tiempo, preparación y muchas veces grandes sacrificios? Porque en nuestra sociedad, con la venia de instancias estatales, con la aceptación de los sectores involucrados y la naturalización por parte de la sociedad; se está alcahueteando nuevas formas de explotación más inhumanas que las que conocieron los obreros del siglo XIX de Marx.
Lo inaudito es que precisamente, entre esos sectores que sufren de explotación intelectual, hay muchos etiquetados “intelectuales progresistas” que están pensando formas de reivindicación social, sin siquiera ser totalmente concientes de la explotación que contra ellos mismos se realiza. Siguiendo la lógica del requerimiento marxista al proletariado, los sectores emergentes de la “sociedad del conocimiento”, podemos y debemos abanderar verdaderos procesos de dignificación y revolución.
Por. Melania N. Carrión. (Artículo publicado en Diario La Hora, 21 de mayo de 2008)
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miércoles, 14 de mayo de 2008
Cambio radical, reforma institucional o cualquier otra cosa
Me niego a juzgar el trabajo de la Asamblea Nacional Constituyente en función del tiempo transcurrido desde su instalación y los escasos acuerdos y artículos aprobados. Un ejercicio de sindéresis natural, permite concluir que una riqueza en el debate y un trabajo realizado a conciencia supone tiempo, significa tomarse las cosas con calma; pero siendo críticos ¿es este el caso del proceso constituyente ecuatoriano?
Es un momento oportuno para realizar una evaluación que no pasa insisto, por los productos acordados sino por un aspecto poco analizado por mis colegas de opinión: la calidad en el debate y la pertinencia de las propuestas.
Advertía hace muchos meses atrás, que una seria reforma constitucional significaría tocar, de manera ineludible, temas complejos muchos de ellos imbuidos de un alto componente técnico y que en consecuencia, el voto ciudadano debía privilegiar a quienes estén capacitados para tal agencia. Con agrado observé en otra ocasión el notable interés del actual gobierno por incluir en la gestión administrativa del Estado a profesionales de alto perfil y de mentes lúcidas, aún lo reivindico porque he podido notarlo en instancias claves. Pero me temo, que no sucede lo mismo y en la misma forma en el proceso constituyente, los resultados serán luego poco satisfactorios.
Ver de cerca el trabajo de la ANC, me permite advertir de un gran peligro: temas delicados y trascendentales para la aclamada “reforma política e institucional del Estado”, no están siendo tratados por quienes son expertos en la materia. Advierto una peligrosa carencia en la calidad del debate, no porque no lo haya, al contrario, he podido ver que existe, pero este no sitúa en el centro los aspectos fundamentales, a lo que se suma una retahíla de “asesores” a quienes les quedaría mejor el cargo de secretarios.
En una estrategia electoral y bajo el paraguas de “mitos movilizadores”, se está mareando la perdiz y eludiendo tomar decisiones en temas claves y, no me refiero a los “morales”, sino a los que se relacionan con la soñada gobernabilidad. Si no se deja a una lado el sectarismo y se incluye en el debate las propuestas válidas de expertos y críticos, al final del día, no tendremos el cambio radical, que dicho sea de paso, advertí utópico; ni tampoco la reforma institucional en la que siempre confié; sino cualquier otra cosa con efectos impredecibles para el sistema político.
Por. Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, abril de 2008)
ncarrión@flacso.org.ec
Es un momento oportuno para realizar una evaluación que no pasa insisto, por los productos acordados sino por un aspecto poco analizado por mis colegas de opinión: la calidad en el debate y la pertinencia de las propuestas.
Advertía hace muchos meses atrás, que una seria reforma constitucional significaría tocar, de manera ineludible, temas complejos muchos de ellos imbuidos de un alto componente técnico y que en consecuencia, el voto ciudadano debía privilegiar a quienes estén capacitados para tal agencia. Con agrado observé en otra ocasión el notable interés del actual gobierno por incluir en la gestión administrativa del Estado a profesionales de alto perfil y de mentes lúcidas, aún lo reivindico porque he podido notarlo en instancias claves. Pero me temo, que no sucede lo mismo y en la misma forma en el proceso constituyente, los resultados serán luego poco satisfactorios.
Ver de cerca el trabajo de la ANC, me permite advertir de un gran peligro: temas delicados y trascendentales para la aclamada “reforma política e institucional del Estado”, no están siendo tratados por quienes son expertos en la materia. Advierto una peligrosa carencia en la calidad del debate, no porque no lo haya, al contrario, he podido ver que existe, pero este no sitúa en el centro los aspectos fundamentales, a lo que se suma una retahíla de “asesores” a quienes les quedaría mejor el cargo de secretarios.
En una estrategia electoral y bajo el paraguas de “mitos movilizadores”, se está mareando la perdiz y eludiendo tomar decisiones en temas claves y, no me refiero a los “morales”, sino a los que se relacionan con la soñada gobernabilidad. Si no se deja a una lado el sectarismo y se incluye en el debate las propuestas válidas de expertos y críticos, al final del día, no tendremos el cambio radical, que dicho sea de paso, advertí utópico; ni tampoco la reforma institucional en la que siempre confié; sino cualquier otra cosa con efectos impredecibles para el sistema político.
Por. Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, abril de 2008)
ncarrión@flacso.org.ec
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Política
Democracia interna en los partidos políticos
La próxima semana en la provincia del El Oro, la mesa 2 de la Asamblea Nacional Constituyente ha previsto la realización de un evento que, en esencia, procura receptar las demandas y propuestas de los actores políticos y sociales, respecto del “sistema de representación política”.
En esta dimensión uno de los aspectos que tendrá preponderancia, alude a la conformación del sistema de partidos en el Ecuador y a los incentivos institucionales que puedan considerarse para fortalecer el sistema político.
La democracia interna en la estructura organizativa de los partidos será posiblemente una de las dimensiones que más interés provoque entre los participantes. Esta dimensión de los partidos políticos considerados como unidades de análisis y como centros de las propuesta programáticas para el sistema electoral y que incluye elementos diversos que van desde el proceso de selección de candidatos para los órgano burocráticos y espacios de representación de los partidos hasta los que se conoce como accountability a las instancias más centralizadas del partido, se constituye en punto álgido en el nuevo diseño institucional.
La democracia interna, entendida de manera un tanto mínima, como el escenario, reglas y prácticas que permiten una mayor inclusión de los militantes del partido en el proceso de toma de decisiones tanto para la selección de candidatos como para el debate de propuesta programáticas requiere que los actores políticos estén dispuestos a considerar sus riesgos inherentes.
Los militantes de la extinta partidocracia conocen los resultados del personalismo, caciquismo y patrimonialismo que los caracterizó desde el retorno a la democracia a finales de los años 70s y que al final del día se constituyó en una de las razones fundamentales para la explosión del sistema de partidos. La democracia interna como diseño de carácter constitucional debe ir a la par con las consideraciones propias de la informalidad que ha sido parte de la dinámica propia y del lenguaje e interacción en la política nacional.
Es necesario que la ANC, incluya consideraciones que tiendan a fortalecer la institucionalidad de los partidos y sistemas y subsistemas de partidos, a limitar la participación no programática; y, a configurar frenos y contrapesos al multipartidismo extremo y polarizado propios del sistema político ecuatoriano.
Por. Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, marzo de 2008)
ncarrion@flacso.org.ec
En esta dimensión uno de los aspectos que tendrá preponderancia, alude a la conformación del sistema de partidos en el Ecuador y a los incentivos institucionales que puedan considerarse para fortalecer el sistema político.
La democracia interna en la estructura organizativa de los partidos será posiblemente una de las dimensiones que más interés provoque entre los participantes. Esta dimensión de los partidos políticos considerados como unidades de análisis y como centros de las propuesta programáticas para el sistema electoral y que incluye elementos diversos que van desde el proceso de selección de candidatos para los órgano burocráticos y espacios de representación de los partidos hasta los que se conoce como accountability a las instancias más centralizadas del partido, se constituye en punto álgido en el nuevo diseño institucional.
La democracia interna, entendida de manera un tanto mínima, como el escenario, reglas y prácticas que permiten una mayor inclusión de los militantes del partido en el proceso de toma de decisiones tanto para la selección de candidatos como para el debate de propuesta programáticas requiere que los actores políticos estén dispuestos a considerar sus riesgos inherentes.
Los militantes de la extinta partidocracia conocen los resultados del personalismo, caciquismo y patrimonialismo que los caracterizó desde el retorno a la democracia a finales de los años 70s y que al final del día se constituyó en una de las razones fundamentales para la explosión del sistema de partidos. La democracia interna como diseño de carácter constitucional debe ir a la par con las consideraciones propias de la informalidad que ha sido parte de la dinámica propia y del lenguaje e interacción en la política nacional.
Es necesario que la ANC, incluya consideraciones que tiendan a fortalecer la institucionalidad de los partidos y sistemas y subsistemas de partidos, a limitar la participación no programática; y, a configurar frenos y contrapesos al multipartidismo extremo y polarizado propios del sistema político ecuatoriano.
Por. Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, marzo de 2008)
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Ruptura diplomática
La intolerable incursión colombiana en territorio ecuatoriano que dio paso a una respuesta nacional y multilateral poco alentadora para el gobierno de Uribe y de total apoyo al gobierno ecuatoriano, no debió sorprendernos, el manejo de las relaciones bilaterales por parte de Uribe ha sido arbitrario, irrespetuoso y antojadizo.
Ecuador respondió como debía, tolerar la incursión e intentar un arreglo diplomático en términos bilaterales no hubiera sentado los precedentes que se requiere para que el gobierno vecino sepa hasta dónde puede llegar, era necesario bloquear cualquier posibilidad de incluir a nuestro País en un conflicto del que no es parte pero del que ya ha asumido suficientes costos.
Pese a las tensas relaciones entre ambos gobiernos y el impacto que el tema ha tenido en la agenda internacional, en el corto plazo no puede pensarse en guerra como algunos “realistas” ya han proclamado, si bien la incursión es un hecho despreciable y el Ecuador debía responder con dureza y seguridad y es más, muy bien podría enfrentar un conflicto bélico a mediana escala, al gobierno no le conviene una aventura de tal naturaleza, como tampoco le conviene a Uribe, pues en ese hipotético caso, Colombia tendría que abrir dos frentes externo (Venezuela y Ecuador) y mantener el que ya tiene a lo interno de su territorio con los grupos subversivos; en otras palabras, nada más irracional para los dos gobiernos que aventurarse a un conflicto armado del que no sacarían nada positivo, pues incluso en un análisis al estilo del realismo clásico, la guerra, a diferencia de lo que bien sabemos ha ocurrido en otros países en donde es el remedio a los malos tiempos económicos, en nuestros países solo ocasionaría daños incalculables.
Ahora bien, el que no suenen los famosos tambores de guerra no significa que el tema no pueda tener utilidad mediática y eso lo saben ambos gobiernos y sus estrategas, así por ejemplo en el Ecuador, las inundaciones dejaron de ser el pan del día y en Colombia Uribe se adjudicó un contradictorio punto en su lucha anti-terrorista para legitimarse ante su gobierno patrocinador, recordemos la censura y pedido demócrata de limitar los fondos para el Plan Colombia. ¿Interesantes casualidades o actos y respuestas deliberadas y estratégicas? El tema continúa en el tapete.
Por Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora, marzo de 2008)
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Ecuador respondió como debía, tolerar la incursión e intentar un arreglo diplomático en términos bilaterales no hubiera sentado los precedentes que se requiere para que el gobierno vecino sepa hasta dónde puede llegar, era necesario bloquear cualquier posibilidad de incluir a nuestro País en un conflicto del que no es parte pero del que ya ha asumido suficientes costos.
Pese a las tensas relaciones entre ambos gobiernos y el impacto que el tema ha tenido en la agenda internacional, en el corto plazo no puede pensarse en guerra como algunos “realistas” ya han proclamado, si bien la incursión es un hecho despreciable y el Ecuador debía responder con dureza y seguridad y es más, muy bien podría enfrentar un conflicto bélico a mediana escala, al gobierno no le conviene una aventura de tal naturaleza, como tampoco le conviene a Uribe, pues en ese hipotético caso, Colombia tendría que abrir dos frentes externo (Venezuela y Ecuador) y mantener el que ya tiene a lo interno de su territorio con los grupos subversivos; en otras palabras, nada más irracional para los dos gobiernos que aventurarse a un conflicto armado del que no sacarían nada positivo, pues incluso en un análisis al estilo del realismo clásico, la guerra, a diferencia de lo que bien sabemos ha ocurrido en otros países en donde es el remedio a los malos tiempos económicos, en nuestros países solo ocasionaría daños incalculables.
Ahora bien, el que no suenen los famosos tambores de guerra no significa que el tema no pueda tener utilidad mediática y eso lo saben ambos gobiernos y sus estrategas, así por ejemplo en el Ecuador, las inundaciones dejaron de ser el pan del día y en Colombia Uribe se adjudicó un contradictorio punto en su lucha anti-terrorista para legitimarse ante su gobierno patrocinador, recordemos la censura y pedido demócrata de limitar los fondos para el Plan Colombia. ¿Interesantes casualidades o actos y respuestas deliberadas y estratégicas? El tema continúa en el tapete.
Por Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora, marzo de 2008)
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El “adiós” de Fidel
El martes 19 de febrero, como lo fuera en su momento el 1 de enero de 1959, ha pasado a ser parte de la historia y memoria del pueblo cubano; la fecha será recordada no como el fin de una era como muchos pretenden, sino más bien como el día en el que uno de los más importantes líderes revolucionarios decidió formalizar un “adiós”, que no significa precisamente despedida.
Si bien el comunicado del Líder cubano y la posterior elección de su hermano Raúl como Presidente del Consejo de Estado marcan un hito en la historia cubana, este hito es más de tinta que de sentido. Esta última afirmación exige un desarrollo más profundo de lo que podría permitirme este espacio, pero intentaré una sucinta aproximación:
En lo internacional la noticia ha permito diversas manifestaciones: los coidearios de Castro exaltan su decisión sin sorpresa y la reivindican como un acto más de su cordura, declarando que la continuidad del proceso revolucionario no está en riesgo; sus detractores, abogan porque esta decisión signifique abrir el camino a una “propuesta civilizatoria y democratizadora”. Las dos percepciones son divergentes e incompatibles, sin embargo, la primera parece ser la más correcta.
Castro dice adiós a la imagen que se proyectaba como “Presidente”, como el actor al frente del Gobierno y del aparato burocrático de la administración pública y las Fuerzas Armadas; pero es claro que su presencia está lejos de despedirse del proceso central de toma de decisiones en la Isla. En consecuencia y como lo saben los cubanos, el rumbo revolucionario ha marcado la historia y el devenir, los cambios que siendo posibles y deseables puedan llevarse a cabo en lo económico, no alterarán el “path- dependence” trazado por la revolución; no solo porque su hermano y fiel colaborador esté al mando, o porque este último haya dejado claro que en los aspectos delicados consultará a Fidel; sino también por dos razones adicionales: Existe un alto número de revolucionarios de la vieja guardia en el poder y en las principales instancias estatales; y, el cambio institucional ya está marcado, subvertirlo implicaría más costos que beneficios.
Fidel Castro no se despide, toma una estratégica distancia; Raúl Castro, sabe que tiene dos alternativas, pasar a la historia como compañero fiel en la Revolución o como aquel que intentó peligrosos cambios de cuyos resultados hay más probabilidades de fracaso que de éxito.
Por Melania Noemí Carrión G.
ncarrion@flacso.org.ec
Si bien el comunicado del Líder cubano y la posterior elección de su hermano Raúl como Presidente del Consejo de Estado marcan un hito en la historia cubana, este hito es más de tinta que de sentido. Esta última afirmación exige un desarrollo más profundo de lo que podría permitirme este espacio, pero intentaré una sucinta aproximación:
En lo internacional la noticia ha permito diversas manifestaciones: los coidearios de Castro exaltan su decisión sin sorpresa y la reivindican como un acto más de su cordura, declarando que la continuidad del proceso revolucionario no está en riesgo; sus detractores, abogan porque esta decisión signifique abrir el camino a una “propuesta civilizatoria y democratizadora”. Las dos percepciones son divergentes e incompatibles, sin embargo, la primera parece ser la más correcta.
Castro dice adiós a la imagen que se proyectaba como “Presidente”, como el actor al frente del Gobierno y del aparato burocrático de la administración pública y las Fuerzas Armadas; pero es claro que su presencia está lejos de despedirse del proceso central de toma de decisiones en la Isla. En consecuencia y como lo saben los cubanos, el rumbo revolucionario ha marcado la historia y el devenir, los cambios que siendo posibles y deseables puedan llevarse a cabo en lo económico, no alterarán el “path- dependence” trazado por la revolución; no solo porque su hermano y fiel colaborador esté al mando, o porque este último haya dejado claro que en los aspectos delicados consultará a Fidel; sino también por dos razones adicionales: Existe un alto número de revolucionarios de la vieja guardia en el poder y en las principales instancias estatales; y, el cambio institucional ya está marcado, subvertirlo implicaría más costos que beneficios.
Fidel Castro no se despide, toma una estratégica distancia; Raúl Castro, sabe que tiene dos alternativas, pasar a la historia como compañero fiel en la Revolución o como aquel que intentó peligrosos cambios de cuyos resultados hay más probabilidades de fracaso que de éxito.
Por Melania Noemí Carrión G.
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La calidad en el Sistema Nacional de Educación Superior (I)
Está en el tapete y ya situada en la agenda gubernamental y el debate público, la reforma al Sistema Nacional de Educación Superior; el tema y la tendencia hacia su mejoramiento ha sido mayoritariamente aceptado por quienes coadyuvan desde frentes diversos al proceso de formación de la opinión pública. En el centro del debate se analiza lo que se conoce como “garantía de la calidad de la educación superior” y es este aspecto al que me referiré dejando al lector algunos elementos de análisis.
No quiero argumentar en demasía la importancia de una de las tendencias en Educación Superior situada en el debate global a finales de los 90s e interiorizada ya en muchas de las naciones parte de la ONU que se han hecho eco de propuestas orientadas al mejoramiento de la calidad de la educación superior. Sin embargo, debe resaltarse que la calidad en la educación superior va asociada al rol y responsabilidad social de los Institutos de Educación Superior (IES) y a su rendición de cuentas.
Una de las maneras más aceptadas y pertinentes para asegurar el mejoramiento de la calidad es la evaluación y acreditación, una herramienta que deberá considerar los siguientes principios: a) Debe ser garantizada por una agencia estatal; b) Debe incluir características, estándares e indicadores que respondan a los desafíos a los que se enfrenta la “sociedad del conocimiento”; c) Si bien debe responder a criterios consensuados en la comunidad internacional, sus especificidades deben ineludiblemente ser coherentes con la realidad nacional; d) Debe ser transparente y flexible en el manejo de herramienta técnicas de aplicación principalmente en los proceso de autoevaluación; y, e) Deberá contemplar los distintos niveles de evaluación: institucional, por carreras, programas y, rendimiento docente.
Ahora bien y aunque suene reaccionaria, estimo que es necesario que los cambios que se hagan a la educación superior en general y al que arguye a la calidad en particular (Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación) sea de carácter reformista. Los costos a asumir mejorando lo existente son menores que los costos en los que se incurriría con una transformación total; lo contrario sería cometer los errores de la revolución bolivariana de Venezuela y que resulte que al final el remedio fue peor que la enfermedad.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, febrero de 2008)
ncarrion@flacso.org.ec
No quiero argumentar en demasía la importancia de una de las tendencias en Educación Superior situada en el debate global a finales de los 90s e interiorizada ya en muchas de las naciones parte de la ONU que se han hecho eco de propuestas orientadas al mejoramiento de la calidad de la educación superior. Sin embargo, debe resaltarse que la calidad en la educación superior va asociada al rol y responsabilidad social de los Institutos de Educación Superior (IES) y a su rendición de cuentas.
Una de las maneras más aceptadas y pertinentes para asegurar el mejoramiento de la calidad es la evaluación y acreditación, una herramienta que deberá considerar los siguientes principios: a) Debe ser garantizada por una agencia estatal; b) Debe incluir características, estándares e indicadores que respondan a los desafíos a los que se enfrenta la “sociedad del conocimiento”; c) Si bien debe responder a criterios consensuados en la comunidad internacional, sus especificidades deben ineludiblemente ser coherentes con la realidad nacional; d) Debe ser transparente y flexible en el manejo de herramienta técnicas de aplicación principalmente en los proceso de autoevaluación; y, e) Deberá contemplar los distintos niveles de evaluación: institucional, por carreras, programas y, rendimiento docente.
Ahora bien y aunque suene reaccionaria, estimo que es necesario que los cambios que se hagan a la educación superior en general y al que arguye a la calidad en particular (Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación) sea de carácter reformista. Los costos a asumir mejorando lo existente son menores que los costos en los que se incurriría con una transformación total; lo contrario sería cometer los errores de la revolución bolivariana de Venezuela y que resulte que al final el remedio fue peor que la enfermedad.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, febrero de 2008)
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Melania N. Carrión (Politóloga - Investigadora)
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La carrera demócrata hacia la Casa Blanca
Los desastrosos ocho años de la administración Bush, los sentimientos ciudadanos contra las aventuras intervencionistas que han llevado a una indiscutible crisis de la economía norteamericana y la necesidad de potenciar la imagen desgastada de Estados Unidos como país hegemónico, son algunas de las circunstancias que envuelven el actual proceso de elecciones primarias en el Partido Demócrata y Republicano.
Sin pretender la aplicación de modelos determinísticos, podría sin mucha dificultad inferirse que es más que probable que el próximo residente de la Casa Blanca saldrá del Partido Demócrata, esto no solo por las razones expuestas supra sino también por el notable interés de los votantes en las primarias demócratas, la evidente resistencia al republicano McCain en bastiones electorales en donde ganó Bush para las últimas presidenciales y, por supuesto el notable incremento de fondos para la campaña electoral en el lado demócrata.
En este contexto, los dos principales candidatos demócratas Clinton y Obama no han logrado ampliar la estrecha brecha que los separa, el “súper martes” como se esperaba, no ayudó en este propósito, y es probable que tampoco se logre mayor distancia el martes 12 de febrero que incluye las primarias en Virginia, Maryland y el Distrito de Columbia, en donde se advierte el creciente peso de Obama. En esta lógica, no sería difícil que la contienda demócrata, luego de las elecciones en Loisiana, Wisconsin y Washington, no muestre un triunfador ni siquiera hasta marzo 4 cuando se efectúen las primarias en Ohio y Texas, dos de los tres estados más grandes. Sin embargo, algo parece ser más claro: la gran respuesta en la carrera demócrata la tendremos en el seno del Comité Nacional Demócrata, cuando voten los “super delegados” que en un total de 800, representan aproximadamente el 20% de los votos de la convención.
Ahora bien, la inclinación hacia Clinton u Obama, responderá a diversos aspectos: un simbólico en el que se advertirá la preferencia hacia una mujer o hacia un afro-americano; otro político, en el que si bien no existen marcadas diferencias, si supone que la tendencia será hacia el candidato que ofrezca mayor confianza para reivindicar al gobierno norteamericano ante el mundo; y, por supuesto, un económico, en el que las principales corporaciones americanas presionarán para que el peso se incline por quien preste mayores garantías.
Por Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora, febrero de 2008)
ncarrion@flacso.org.ec
Sin pretender la aplicación de modelos determinísticos, podría sin mucha dificultad inferirse que es más que probable que el próximo residente de la Casa Blanca saldrá del Partido Demócrata, esto no solo por las razones expuestas supra sino también por el notable interés de los votantes en las primarias demócratas, la evidente resistencia al republicano McCain en bastiones electorales en donde ganó Bush para las últimas presidenciales y, por supuesto el notable incremento de fondos para la campaña electoral en el lado demócrata.
En este contexto, los dos principales candidatos demócratas Clinton y Obama no han logrado ampliar la estrecha brecha que los separa, el “súper martes” como se esperaba, no ayudó en este propósito, y es probable que tampoco se logre mayor distancia el martes 12 de febrero que incluye las primarias en Virginia, Maryland y el Distrito de Columbia, en donde se advierte el creciente peso de Obama. En esta lógica, no sería difícil que la contienda demócrata, luego de las elecciones en Loisiana, Wisconsin y Washington, no muestre un triunfador ni siquiera hasta marzo 4 cuando se efectúen las primarias en Ohio y Texas, dos de los tres estados más grandes. Sin embargo, algo parece ser más claro: la gran respuesta en la carrera demócrata la tendremos en el seno del Comité Nacional Demócrata, cuando voten los “super delegados” que en un total de 800, representan aproximadamente el 20% de los votos de la convención.
Ahora bien, la inclinación hacia Clinton u Obama, responderá a diversos aspectos: un simbólico en el que se advertirá la preferencia hacia una mujer o hacia un afro-americano; otro político, en el que si bien no existen marcadas diferencias, si supone que la tendencia será hacia el candidato que ofrezca mayor confianza para reivindicar al gobierno norteamericano ante el mundo; y, por supuesto, un económico, en el que las principales corporaciones americanas presionarán para que el peso se incline por quien preste mayores garantías.
Por Melania Noemí Carrión G. (Artículo publicado en Diario La Hora, febrero de 2008)
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Melania N. Carrión (Politóloga - Investigadora)
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Relaciones Internacionales
El ideal de gobernabilidad
Durante décadas el Ecuador ha intentado alcanzar niveles mínimos de gobernabilidad en un marco de democracia. Hoy en día una vez más se debaten diseños e incentivos institucionales para lograr ese ideal, es imperativo sin embargo, no cometer los errores del pasado.
La gobernabilidad puede tener distintas definiciones, todas asociadas a elementos centrales como la legitimidad y la capacidad de los sectores en el gobierno para dar respuesta a las demandas sociales con respeto a los derechos y garantías democráticas.
Mi visión normativa no puede excluir un análisis previo de las principales variables que han incidido en la no consecución de este fin. Las razones son de índole diversa, pero dado que el conflicto se centra en el sistema político, es preciso rescatar los factores relacionados a esta esfera, que sin duda, son los más trascendentales.
El primer factor tiene un corte institucional o más dicho, en este caso desinstitucional, lo que supone que los actores políticos y sociales en el País, no han podido lograr niveles de institucionalización de ese sistema político debido principalmente al cambio recurrente de las “reglas de juego” tanto a nivel constitucional como legal. La seducción por las continuas reformas ha impedido que los actores interioricen un escenario de competencia y acción que determine sus estrategias, coaliciones y prácticas. Los actores al contrario, han intentado cambiar las reglas de juego a su conveniencia.
Un segundo factor no muy distante del primero alude a un sistema de partidos que respondió a cambios institucionales contradictorios al ideal de gobernabilidad y que han permitido situaciones como la pugna de poderes entre el ejecutivo y el legislativo, definiendo una legitimidad dual, una carente fuerza partidaria del presidente con congresos altamente fragmentados, a lo que se suman problemas como las fórmulas electorales y desincentivos para la cooperación intra y interpartidaria.
Por último, las respuestas de la sociedad civil, los líderes políticos y emergentes grupos sociales, han demostrado no una cultura hacia el consenso sino más bien hacia la confrontación. Es menester insisto una vez más, que los actores políticos se comprometan en la práctica al respeto del diseño institucional que vendrá con la Asamblea Constituyente, caso contrario, seguiremos asistiendo a un sueño frustrado de gobernabilidad democrática.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, enero de 2008)
ncarrion@flacso.org.ec
La gobernabilidad puede tener distintas definiciones, todas asociadas a elementos centrales como la legitimidad y la capacidad de los sectores en el gobierno para dar respuesta a las demandas sociales con respeto a los derechos y garantías democráticas.
Mi visión normativa no puede excluir un análisis previo de las principales variables que han incidido en la no consecución de este fin. Las razones son de índole diversa, pero dado que el conflicto se centra en el sistema político, es preciso rescatar los factores relacionados a esta esfera, que sin duda, son los más trascendentales.
El primer factor tiene un corte institucional o más dicho, en este caso desinstitucional, lo que supone que los actores políticos y sociales en el País, no han podido lograr niveles de institucionalización de ese sistema político debido principalmente al cambio recurrente de las “reglas de juego” tanto a nivel constitucional como legal. La seducción por las continuas reformas ha impedido que los actores interioricen un escenario de competencia y acción que determine sus estrategias, coaliciones y prácticas. Los actores al contrario, han intentado cambiar las reglas de juego a su conveniencia.
Un segundo factor no muy distante del primero alude a un sistema de partidos que respondió a cambios institucionales contradictorios al ideal de gobernabilidad y que han permitido situaciones como la pugna de poderes entre el ejecutivo y el legislativo, definiendo una legitimidad dual, una carente fuerza partidaria del presidente con congresos altamente fragmentados, a lo que se suman problemas como las fórmulas electorales y desincentivos para la cooperación intra y interpartidaria.
Por último, las respuestas de la sociedad civil, los líderes políticos y emergentes grupos sociales, han demostrado no una cultura hacia el consenso sino más bien hacia la confrontación. Es menester insisto una vez más, que los actores políticos se comprometan en la práctica al respeto del diseño institucional que vendrá con la Asamblea Constituyente, caso contrario, seguiremos asistiendo a un sueño frustrado de gobernabilidad democrática.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, enero de 2008)
ncarrion@flacso.org.ec
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Melania N. Carrión (Politóloga - Investigadora)
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7:43 p. m.
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