miércoles, 14 de mayo de 2008

El “adiós” de Fidel

El martes 19 de febrero, como lo fuera en su momento el 1 de enero de 1959, ha pasado a ser parte de la historia y memoria del pueblo cubano; la fecha será recordada no como el fin de una era como muchos pretenden, sino más bien como el día en el que uno de los más importantes líderes revolucionarios decidió formalizar un “adiós”, que no significa precisamente despedida.
Si bien el comunicado del Líder cubano y la posterior elección de su hermano Raúl como Presidente del Consejo de Estado marcan un hito en la historia cubana, este hito es más de tinta que de sentido. Esta última afirmación exige un desarrollo más profundo de lo que podría permitirme este espacio, pero intentaré una sucinta aproximación:
En lo internacional la noticia ha permito diversas manifestaciones: los coidearios de Castro exaltan su decisión sin sorpresa y la reivindican como un acto más de su cordura, declarando que la continuidad del proceso revolucionario no está en riesgo; sus detractores, abogan porque esta decisión signifique abrir el camino a una “propuesta civilizatoria y democratizadora”. Las dos percepciones son divergentes e incompatibles, sin embargo, la primera parece ser la más correcta.
Castro dice adiós a la imagen que se proyectaba como “Presidente”, como el actor al frente del Gobierno y del aparato burocrático de la administración pública y las Fuerzas Armadas; pero es claro que su presencia está lejos de despedirse del proceso central de toma de decisiones en la Isla. En consecuencia y como lo saben los cubanos, el rumbo revolucionario ha marcado la historia y el devenir, los cambios que siendo posibles y deseables puedan llevarse a cabo en lo económico, no alterarán el “path- dependence” trazado por la revolución; no solo porque su hermano y fiel colaborador esté al mando, o porque este último haya dejado claro que en los aspectos delicados consultará a Fidel; sino también por dos razones adicionales: Existe un alto número de revolucionarios de la vieja guardia en el poder y en las principales instancias estatales; y, el cambio institucional ya está marcado, subvertirlo implicaría más costos que beneficios.
Fidel Castro no se despide, toma una estratégica distancia; Raúl Castro, sabe que tiene dos alternativas, pasar a la historia como compañero fiel en la Revolución o como aquel que intentó peligrosos cambios de cuyos resultados hay más probabilidades de fracaso que de éxito.
Por Melania Noemí Carrión G.
ncarrion@flacso.org.ec

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