En un contexto de conflicto interno en la política francesa, paulatina caída libre del dólar frente al Euro y la baja popularidad de Bush que incluso supera la de Nixon después del escándalo de Watergate, Bush recibió a su homologo Sarkozy y confirmó con las palabras supra la nada sorpresiva alianza fraco-norteamericana.
En efecto, desde la campaña de Sarkozy y ya en el ejercicio del poder, se advirtió que el actual mandatario francés tomaría marcada distancia de su antecesor Chirac no solo en su percepción de la política interna en términos de desmantelamiento del superviviente estado de bienestar francés sino también en lo que a política exterior y europea se refiere.
La nueva alianza entre Paris y Washington si bien implica un giro en la diplomacia francesa y en consecuencia la reanudación de relaciones franco-norteamericas desde la decisión no compartida de invadir Irak, también simboliza un cambio en el equilibrio de poder en la esfera internacional. Lo que ataño podía significar la estabilidad y contrapeso encarnado por la Unión Europea para el uso ilegítimo de la fuerza norteamericana ahora significa sumar potencias no en procura de la estabilidad sino de la guerra, el conflicto y las aventuras invasionistas.
Ninguna acción en la esfera diplomática puede ser inadvertida, todo responde a estrategias e intereses definidos. La decisión de Sarkozy de acercarse a Washington supone un acuerdo de opiniones en campos específicos como el desarme nuclear iraní, la retórica antiterrorista, la visión de estabilidad en Medio Oriente, el supuesto camino hacia la democracia en Cuba y otros dispuestos en el tapete internacional, lo que considerando el peso de Francia en la Unión Europea, significa el giro europeo hacia Estados Unidos y su visión de política Exterior.
En estas circunstancias, el deseado equilibrio de poder que suponía Europa es menos previsible, los países más poderosos de la Unión Europea son pro-norteamericanos lo que en buen romance significa que Estados Unidos tendrá la puerta abierta para muchas acciones internacionales tanto a nivel individual como en el campo multilateral. Es factible que en poco tiempo se ponga en marcha el motor franco-alemano-norteamericano, algo nada alentador para la justicia y la estabilidad internacional.
Por. Melania Noemí Carrión. (Artículo publicado en Diario La Hora, noviembre de 2007)
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miércoles, 14 de mayo de 2008
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