La expulsión de cuatro diplomáticos rusos por parte de Gran Bretaña, como respuesta a la negativa rusa de extraditar a Andrei Lugovoi, un ex – empleado de la KGB acusado en Londres del asesinato de Alexander Litvinenko también ex miembro de la KGB, supone un importante retroceso en las relaciones entre ambos países. Aún cuando Putin haya calificado de mini-crisis diplomática a la tensión de los últimos días, la respuesta dada por NU, la UE y EUA, en forma de presión apoyando la tesis británica e incluso el anuncio ruso de responder expulsando a diplomáticos británicos, no hace otra cosa, que explicitar un preocupante quiebre en las relaciones.
La respuesta rusa, es convincente: su legislación y la misma Convención Europea de extradición (1957), permite que Rusia se niegue a la extradición de sus ciudadanos. Sin embargo, los líderes mundiales han emprendido en una campaña mediática de presión acusando a Rusia de aplicar su legislación de manera selectiva. La atención que Londres ha dado a este caso responde a la necesidad de mantener una imagen de seguridad para los magnates y multimillonarios ante los cuales Londres tiene que responder. Rusia en Derecho ha propuesto lo que su legislación le permite: juzgar a Lugovoi en su propio país; pero ya el capricho británico se ha negado a tal posibilidad.
No hace falta mayor análisis para ver que este capricho tiene además tintes políticos. Pero Rusia no se queda rezagado, tanto más cuanto que, en enero los mandos militares hicieron pública la nueva forma que adquiriría la doctrina militar y en síntesis pretende convertir a Rusia en el árbitro geopolítico de los conflictos mundiales. Europa y EUA saben que Rusia en un jugador internacional importante: su ubicación geográfica, su capacidad en recursos y la influencia en estados denominados “informes”, sugiere no desconocerlo como potencial amenaza.
Condoleezza Rice ha insistido en que Rusia debe proceder a la extradición, pero nada dice de su negativa a extraditar al terrorista Posada Carriles refugiado en EUA. Gran Bretaña nada dice de los pedidos rusos de extradición de Borís Berezovski, Yuli Dúbov y otros. Nuevamente las potencias mundiales, interpretan el derecho internacional, en función de sus intereses particulares y no reconocen a los demás países esta posibilidad.
Por Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora en julio de 2007)
ncarrion@uasb.edu.ec
miércoles, 14 de mayo de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario