Pese a la incómoda situación en la que el gobierno colombiano puso a la guerrilla con la noticia de que Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, no podía ser liberado porque no estaba en poder de las FARC y, el retraso de la anunciada operación, el mundo pudo recibir con beneplácito la liberación de Clara Rojas y Consuelo González.
Al analizar el caso de Ingrid Betancourt, había advertido que el acuerdo humanitario se veía lejano, lo más optimista sería suponer que el movimiento dado no tanto por el gobierno pero si por la guerrilla, sugeriría una luz para el acuerdo humanitario; me temo que no es tan sencillo.
Asumiendo a las FARC como un actor estratégico, con sus propósitos plenamente identificados, deberíamos preguntarnos cuál fue el móvil de este acto unilateral y en una aproximación a la respuesta, no es difícil encontrar razones más tácticas que humanitarias, una de ellas: dar legitimidad tanto a la necesidad del intercambio como a la invaluable participación del presidente venezolano en el proceso.
Este intento de legitimidad podría no ser necesario para la guerrilla, si no estuviera en juego la legitimidad del contrincante, su posición inflexible y la simpatía de la guerrilla hacia Chávez. Sin duda, razones más político-tácticas que humanitarias guiaron la liberación, no se puede olvidar que la rehén más costosa y por la cual ha intercedido de manera directa el gobierno Francés, sigue en poder de las FARC sin posibilidad a una liberación de la misma naturaleza.
El gobierno colombiano ha buscado no reivindicar el acto como un hecho elocuente de la “voluntad humanitaria de la guerrilla” y ha insistido en un discurso que si bien agradece la mediación venezolana y reconoce lo exitoso del “rescate”, da débiles luces al camino del acuerdo, porque simplemente sigue en juego el ceder o no ante las pretensiones guerrilleras.
Con otro escenario, las estrategias de los actores podrían suponer estarse moviendo hacia juegos cooperativos en un intento de equilibrio Nash, que en negociaciones no significa otra cosa que los actores cedan un poco para alcanzar mejores resultados que los que se tendrían sin cooperar, el problema como lo advertí es que están en juego posiciones y por supuesto intereses contrapuestos al haberse asimilado el proceso humanitario al proceso de paz.
Por. Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en el Diario La Hora, enero de 2008)
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miércoles, 14 de mayo de 2008
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