Tuve el agrado de conocer a Eduardo Bedoya, que contratado por la OIT, realizó una investigación del trabajo forzoso en Perú, Bolivia y Paraguay. Luego de cuestionarle acerca de la metodología de la investigación para de esta forma validarla, gran impacto causó en mí los resultados. El trabajo forzoso se define como aquella condición en la que el supuesto “trabajador” recibe por adelantado bienes, dinero o alimentos de un habilitador o enganchador contratado por una empresa por lo general norteamericana, a cambio de trabajar bajo coerción para el pago de la deuda.
El informe revela datos interesantes, entre ellos, que los grupos afectados son principalmente las comunidades tradicionales, además visibiliza un espeluznante mecanismo caracterizado por tres elementos: Al “trabajador” no se le otorga un contrato legal en el que se indique la forma exacta en que se pagará lo adeudado, jamás se valora las unidades de trabajo, ni se explicita horarios; los bienes dados al trabajador son sobrevalorados; y, lo adelantado, que por lo generar es para supervivencia demora años en ser pagado, tiempo en el cual el “trabajador” y su familia están condenados a trabajar y pagar con creces lo prestado.
En Perú y Bolivia en los campos madereros y de castaña, en Paraguay en las haciendas incluso menonitas, la supuesta “relación laboral” es similar. En Perú, un hombre adquirió una máquina de coser valorada en menos de 200 dólares y debió trabajar con más de cinco años consecutivos en tala de bosques ilegales.
La OIT señala que aproximadamente 10 millones de personas en el mundo, de entre ellas 1’300.000 en Latinoamérica, vive en esta condición, forma de servidumbre que invita a los gobiernos y ciudadanos a emprender en una lucha sin cuartel. Es inconcebible que persistan prácticas feudales de esta magnitud, que permanezcamos inermes ante estos abusos contra nuestros pueblos en algún momento orgullosos de su casta y que creamos que son hechos aislados que no nos tocan.
La competencia a gran escala solo es posible abaratando costos de producción y la mejor manera de hacerlo es con mano de obra barata o, como en este caso, irrisoria; esa es la lógica del capitalismo defendido por mentes que ignoran o quieren ignorar estas realidades.
Por: Melania Carrión (Artículo publicado en "Diario La Hora", marzo de 2007)
mcarrion@uasb.edu.ec
miércoles, 14 de mayo de 2008
Trabajo forzoso, nueva forma de servidumbre y esclatitud. Una realidad en todos los países latinoamericanos
Etiquetas:
Relaciones Internacionales
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