miércoles, 14 de mayo de 2008

Un dictador, el discurso anti-marxista y una historia que no puede repetirse

El 10 de diciembre, fecha conmemorativa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, recordará también la fecha de la muerte del personaje que dejo en las páginas de la historia de Chile, una profunda división social y en los anales de América Latina, un claro ejemplo de represión y atentado a los derechos fundamentales.
La muerte de Pinochet sugiere el fin de un tiempo marcado por la violencia, lo inhumano y lo antidemocrático, pero también representa la caída de uno de los símbolos de la lucha anticomunista, una proyección en la que el traidor aparece convertido en héroe y en la que el opresor es redentor de un pueblo amenazado por la tara marxista.
Para los simpatizantes del dictador, Chile vio con él la luz del mercado y del crecimiento económico, hecho que una mirada ajena no puede negar, al menos, no de forma absoluta. ¿Pero acaso ese análisis desconoce que el crecimiento económico logrado en 17 años de régimen autoritario significó un altísimo costo a los sectores más pobres y desprotegidos de la sociedad? ¿Que la caída de Allende en 1973, no respondió a un momento de conflicto social, sino a la decisión de un poder externo de eliminar cualquier amenaza comunista y al apoyo que ésta recibió de elites chilenas afectadas con procesos de redistribución? ¿Y los más de 700.000 desplazados chilenos por el terrorismo de estado ejercido con apoyo de la CIA? ¿Disfrazamos con retóricas de crecimiento las más de 2000 muertes y los cientos de torturas?
NO! no es posible sesgar el análisis a un crecimiento económico y estabilidad que gracias a la aplicación de las recetas de los neoliberales Chicago boys llevaron a Chile a ser uno de los más asimétricos de la región.
El discurso anti-marxista, como ahora el antiterrorista, no es creación latinoamericana, sino una importación ceñida a intereses foráneos. Además hay que destacar que fue y es una categoría mal entendida, tergiversada y estigmatizada con fines específicos orientados a generar confusión y miedo. Cuidarse de este tipo de discursos que pretenden legitimar actos verdaderamente terrorista es uno de los desafíos de los pueblos latinoamericanos para evitar que la historia se repita.
Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, diciembre de 2006)
mcarrion@uasb.edu.ec

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