La abrumadora y legítima victoria de Acuerdo País en las últimas elecciones hacia la Asamblea Nacional Constituyente, es una batalla ganada a la “partidocracia”, pero no se acerca siquiera a la guerra que deberá vencer en la arena política.
Queda claro que este triunfo no es el triunfo de una estructura orgánica, programática e ideológica – nos gustaría creer que es al contrario – es el triunfo de un líder: Rafael Correa; es la respuesta a una estrategia política populista que ha logrado mantener respaldo gracias a un discurso antagónico en el campo de lo ideológico- político; que ha aprovechado inteligentemente un escenario de desgaste de los partidos políticos tradicionales que no lograron consolidar un sistema de partidos institucionalizado y que ahora están enfrentando las consecuencias de su ineficiencia y caudillismo. Decir, sin embargo, que el triunfo fue de un líder, no significa decir que él esta solo, cómo él mismo lo ha repetido innumerables veces, a su lado están mentes lúcidas, ese sin embargo, no es el problema.
Una cuidadosa mirada a los acontecimientos políticos nos lleva a reconocer que quienes diseñan las estrategias y tácticas en y para el gobierno, son en verdad mentes lúcidas, el problema radica en los mandos medios, en los seudolíderes provinciales, aquellos que se subieron a la camioneta y están abanderado un proceso que incluso desconocen. Entonces encontramos dos problemas: a) un movimiento débil en términos de estructura organizativa cuya vida depende de su líder; y, b) supuestos líderes provinciales que han ganado una elección no por el apoyo a ellos per sé ni tampoco por la fuerza de un partido, sino por el arrastre de un líder nacional, basta analizar sus trayectorias políticas y personales: en las filas encontramos seudo-revolucionarios, apóstoles de redes clientelares disfrazadas de “clase”, y viejos políticos convertidos en nuevos actores.
Aún cuando la intención de los ideólogos del proyecto revolucionario sea noble y se pretenda de mentes lúcidas, de corazones ardientes y de manos limpias, no ha podido advertirse una depuración de líneas, necesaria y urgente para mantener la legitimidad del proceso.
Es necesario que Alianza País piense en los gobiernos seccionales, sospecho que la dinámica electoral no será la misma de las últimas elecciones, se necesitará depurar líneas, ese es el desafío inmediato.
Por. Melania N. Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, octubre de 2007)
ncarrión@flacso.org.ec
miércoles, 14 de mayo de 2008
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