El 21 de septiembre se celebró el día internacional de la Paz, Naciones Unidas promovía en su página web la paz como prioridad, sin embargo, al otro lado del mundo el conflicto en Irák, Afganistán y Darfur persisten. A la arena nada pacífica se suma la declaratoria de Gaza como “territorio enemigo” por parte de Israel y la radicalización de su hostilidad a través de un bloqueo que involucra tanto la prohibición de libre tránsito como el suministro de energía y combustibles.
En el prefacio de lo que será la 62 Asamblea General de la ONU, temas diversos definen una agenda discursiva que incluye la necesidad de debatir problemas de preocupación mundial como el calentamiento global, una nueva ola de sanciones para Irán, las guerras y conflictos armados en el mundo, la reestructuración del Organismo, entre otros. Pero sin duda, aun cuando no conste de esa forma en la agenda, el mayor desafío estaría en concretar una resolución que condene a Estados Unidos por la invasión a Irak y Afganistán y una resolución lo suficientemente fuerte que en respuesta a la resolución 61/11 de la Asamblea General ponga fin al bloqueo económico en Cuba.
Aunque suene contradictorio, los bloqueos se han convertido en la moda internacional perpetua de Estados que como Israel y EUA se niegan a respetar las normas internacionales de derechos humanos y de autodeterminación de los pueblos. El genocida bloqueo que lleva adelante Estados Unidos contra la isla cubana desde 1960 y que luego de la vigencia de la Ley Helms-Burton (1996) se intensificó en el actual gobierno norteamericano con el “Plan Bush”, parece no tener visos de solución y la única alternativa sería una respuesta de la comunidad internacional que responda a través de condenas y sanciones específicas. Lamentablemente, es más probable que se sancione nuevamente a Irán por hacer uso de su legítimo derecho, que se tome duras acciones – por lo menos declarativas – en contra del gendarme del mundo y su aliado en Medio Oriente.
Esta moda perpetua que se transforma y fortalece es el fehaciente ejemplo de una actitud transgresora, nada coherente con la paz, las libertades individuales, ni el respeto al Estado de Derecho; constituye una afrenta a las proclamas democráticas, atenta contra el derecho a la vida, al libre tránsito y la libre empresa.
Por. Melania Noemí Carrión (Artículo publicado en Diario La Hora, septiembre de 2007)
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miércoles, 14 de mayo de 2008
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